Transformación digital. Guiris, camareros, teletrabajo y calidad de vida.

Chimo Ferrandiz

Chimo Ferrandiz

Miembro de Revolutio Valencia. Encargado de secretaría legal.

La TRANSFORMACIÓN DIGITAL, esa quimera de la que tanto nos quiere hablar el hombre que susurra a Pedro Sánchez, es un arma de doble filo que la pandemia del COVID y sus consecuencias están acabando de afilar. Y en breve estará en condiciones de dar la puntilla a los españoles, especialmente a aquellos que no tienen la oportunidad de globalizarse forzadamente.

Se hacía eco Bloomberg el otro día del ranking de las 66 mejores ciudades en las que vivir para los expats, realizada por InterNations, una suerte de observatorio sobre esta gente. En esta clasificación, las 2 primeras ciudades eran españolas, habiendo 4 en el TOP10. Pero ¿qué son los expats?

La traducción literal es la de expatriados, sin embargo, no es un sinónimo de inmigrante. Son algo así como élites globalizadas que residen fuera de su país de origen por cuestiones puramente laborales-vivenciales, en ningún caso por mera necesidad. Y el teletrabajo los está incrementando exponencialmente, pese a que simplemente estamos avistando la punta del iceberg.

Dentro de no mucho tiempo, todas aquellas personas con formación superior (principalmente en carreras técnicas o, al menos, medianamente útiles) tendrán la oportunidad de trabajar en -y para- un país, vivir en otro e, incluso, pagar impuestos en un tercero. En breve, comenzaremos a descubrir nuevos resortes legales para lograrlo y los Estados se verán obligados a modernizar sus regímenes fiscales para adaptarlos a estas realidades, aunque serán quienes más tarde se sumen a la fiesta.

Esto constituye una oportunidad que, en España, pese a la tradicional terquedad, lentitud y estrechez de miras de nuestros políticos, pronto se vislumbrará, a rebufo de los sectores privados, evidentemente. Sobre todo, teniendo en cuenta que somos el paraíso para esos expats que trabajan para inmensas corporaciones en países de cielos y gentes grises, que no dudarán en teletrabajar desde un chaletito en Altea con vistas al Mediterráneo o en un coworking lujoso en el corazón de una ciudad colorida en la que la gente vista a diario de torero y de flamenca.

España agudizará esa tendencia de país de servicios que desde hace décadas viene sufriendo. A falta de sueldos competitivos en un país desindustrializado, sin atisbo de I+D y en el que el principal empleador es el charocratizado sector público, aquellos que tengan la oportunidad de formarse y labrarse carreras exitosas se verán obligados a convertirse en expats. Trabajarán en grandes empresas ubicadas en Irlanda, Alemania o Estonia -sí, he dicho Estonia- y deberán repatriarse después si quieren vivir en su nación y disfrutar de su tan preciada calidad de vida, pero facturando para capital extranjero que no tendrá el mínimo vínculo con la tierra que pisa.

Mientras tanto, el español de a pie se convertirá en un mero camarero. O quizá en un repartidor a domicilio que portará en su mochila el certificado de defunción del sufriente vecino autónomo. Y no hay nada de indigno ni de bajo en esos empleos, la crítica es que sólo servirá de mayordomo para asalariados (de) extranjeros y cobrará lo que a estos se les caiga de los bolsillos.

El progresismo, la demencia woke y el desenfadado uropeísmo libegal (si es que no estoy siendo en exceso redundante) conformarán la plataforma de aterrizaje perfecta para este escenario futurible a corto plazo. Desembarcarán en nuestras costas, ya no sólo jubilados, sino trabajadores jóvenes dispuestos a vivir aquí, no a hacer su vida aquí. Este matiz es muy importante.

Y lo que parece ahora una gran oportunidad dividirá más a los españoles, creando una élite internacionalizada, cosmopolita y desterritorializada (carne de whiskas y satisfayer), y una minoría servicial que no tendrá opción de dar a sus hijos una vida mejor de la que sus padres les brindaron.

No voy a negar aquí que sea una gran oportunidad, pero lo será de verdad si se quiere convertir en una oportunidad para los españoles y no “para España”. Si el país quiere ser económicamente soberano y darle una vida mejor a sus hijos. Si se reforma prácticamente todo, desde la educación primaria hasta -y principalmente- la universitaria; desde la política fiscal hasta la política económica; desde el reequilibrio de los sectores productivos hasta las condiciones laborales; desde las ciudades hasta el campo; desde las tendencias ideológicas hasta los valores morales.

¡Qué bien le irá a España, el país en el que todos quieren vivir, y qué mal a los españoles que se convertirán en vasallos de un deslocalizado capital!

1 comentario en «Transformación digital. Guiris, camareros, teletrabajo y calidad de vida.»

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